El implacable Manuel González Prada, ese incendiario irrefutable y tan vigente hoy en día en el Perú de la sospecha y la desesperación, dijo que entre nosotros donde se ponía el dedo saltaba un líquido indeseable conocido como pus. Este diario, de un tiempo a esta parte, viene sumergiéndose en esas aguas malsanas al tratar del caso de la Municipalidad Provincial de Huaura.
En cada edición hemos ido desatando ese ovillo, con argumentos y con pruebas irrefutables. Después de consultas, de indagaciones, de pesquisas, es muy probable que hayamos encontrado a la madre de ese cordero.
Para siempre no sabremos lo que diría ese peruano esencial y necesario, don Manuel González Prada, sobre este caso bochornoso donde saltan varias aguas malsanas, incontables torrentes putrefactos, donde se pueden encontrar viejos vicios de la forma de gobernar a estas gentes y a estos pueblos. Entre nosotros, es posible que todo quede en nada, que se borre el río Huaura de las memorias, que no importe la evidente presencia de una mano negra y que todo vuelva a la normalidad. Pero en el alma de esta ciudad seguirá resonando, como un aullido que busca la debida justicia, el lapidario grito del autor de Páginas libres. Aunque esto recién comienza.

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