Hay quienes cada cuatro años se acuerdan de Quinches, hay quienes se acuerdan de Quinches cuando tienen algún interés personal y particular, pero hay también quinchinos que toda una vida lo entregaron a su pueblo, es decir nacieron frente al imponente Yarunga, sufren la desgracia de la corrupción de los gobiernos locales de turno, comen del hambre y la miseria por el abandono del Estado; siempre lucharon, siguen luchando por el bienestar de nuestro pueblo y morirán luchando fiel a la decencia y la honradez con que fueron formados por los hombres de antaño fruto de una sociedad vigorosa l hambre por el avandono del Estado y siguen sobre que fue devorada cuando la corrupción organizada en su expansión audaz llego a Quinches en los noventa con personajes que con un estilo de ambición hoy pretenden seguir heredando la Gestión Municipal como cual fuera su propiedad.
La decencia como una actitud del que respeta y cumple las normas de comportamiento social y moral dentro de una sociedad como la nuestra, esta muy lejos de algunos “decentes” que piensan que un terno lo es todo; pero también hay quienes cual intelectualillos que mirando sobre el hombro de mis paisanos y portando un cliché de “profesional” dicen tener el derecho de decidir los destinos hacia la desgracia de nuestro pueblo; cual limpios piensan que están cuando se comparan con los hombres del campo que al atardecer regresan a casa desde las estancias empapados del sudor del trabajo de la chacra y con excremento de vaca sobre los pies. Que decencia para tener ese “gran derecho”,cuando jamás reconocen que gracias al campesinado -de esos hombres “sucios e incapaces”- pueden encontrar en el mercado productos agrícolas y pecuarios con los que se alimentan a diario para mantenerse en vida porque dicen que en la universidad no les enseñaron eso, ¿de qué decencia hablan entonces?
De honrados ya no tienen nada hace mucho tiempo, puesto que de acuerdo al diccionario de la real academia española es el modo de comportamiento del que cumple la ley, sin beneficiarse ni beneficiar a otros irregularmente. Migraron a la ciudad para formarse en la escuela de la corrupción que desde el sillón de pizarro se imparte las estrategias de cómo ser millonario con dinero del pueblo sin ser descubiertos, a eso llaman “profesionales” y tienen toda la razón ¡son corruptos profesionales! No lo comprendíamos así hasta ahora, puesto que estamos acostumbrados al buen sentido de la palabra.
Dicen que los campesinos “no saben nada”, “solo sabe arrear su vaca”, “solo sabe barbechar”, etc. Puede que tenga la razón, pero lo que si estoy seguro es que el campesinado es hábil y pueden aprender en corto tiempo y lo que les hace diferente de algunos residentes en Lima que ya estan armando sus listas para las Elecciones Municipales 2010 es que ellos NO SABEN ROBAR.

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