“EN UN MUNDO DE MENTIRAS, DECIR LA VERDAD ES UN ACTO DE CORAJE”

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jueves, 20 de mayo de 2010

SEIS MIL MILLONES

Eso es lo que pasa cuando uno no sabe matemáticas. Yo tampoco sé, más allá de lo que pude reprobar en mis intentos universitarios. Pero si uno calcula, miserablemente, tres por ciento anual –en dólares- a plazo fijo en algún banco cicatero, resulta que un millón nos reditúa treinta mil dólares, que entre doce meses nos dan algo así como un sueldo de dos mil quinientos dólares sólo por sentarnos en un sofá de napa a ver cómo cae la tarde. Todos los meses de todos los años de la vida. Eso es algo que, por lo menos, entra al ámbito de la realidad.

Si meto diez millones al banco, entonces serían veinticinco mil dólares mensuales, y esa cifra empieza a movernos un poco el horizonte. Puedo comprarme un Suzuki Grand Vitara de un color diferente cada mes, pero luego dónde los meto, y sólo queda comprar una casa más grande, con lo mucho que ya me está costando esta. No vale la pena. Mejor le apunto a un Land Cruiser recontra equipado, y a ver si me alcanza también para la gasolina y una suscripción al Comercio.

Pero digamos que la flojera nos lleva a depositar cien millones, pues entonces tenemos doscientos cincuenta mil dólares mensuales. Eso ya apunta al delirio. No imagino qué se puede hacer con ese ingreso, más aun si no pienso moverme del sofá –esta vez de cuero- en donde pienso morir masacrado por un sistema Muteki mientras chequeo todos los CD’s originales que no compré de joven y que ahora sí los podría conseguir. La idea me seduce, pero la cifra mensual está comenzando a resultar inmanejable.

Imagínese nomás cómo será usufructuar mil millones. O sea, dos millones y medio mensuales sin hacer nada. Ni la jubilación de Messi, oiga usted. Ni lo que gana Alan García con saña y dolor en cada negociado. Eso, pero multiplicado por seis. O sea, cada cinco días, dos y medio millones. Cada día medio millón. Cada hora veinte mil dólares, sólo de intereses. Que es lo que se llevó el Chino Rata, metidos en un banco de la Yakuza. A plazo fijo, sin tocar nada de sus seis mil millones. Ya para qué.

Y eso, para alguien que sabía de matemáticas, como que lo hace más miserable aun. Seis mil millones, bueno ya, que fueran tres mil, o algo menos, que se haya robado mil millones de dólares (menos que eso, no creo), no lo convierte a él en un sujeto más desquiciado de lo que ya es. Nos convierte a nosotros –a buena parte de nosotros- en unos lisiados mentales. El fujimorismo no es un proyecto político, es una modalidad delincuencial. Y eso, con Keiko como heredera, es lo que nos podría esperar de cara al 2011.

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